CÓMO DEJAR DE PREOCUPARSE POR TODO.
El reconocido escritor mexicano Octavio Paz tendía a preocuparse bastante por las situaciones. Por ejemplo, le inquietaba mucho la condición económica que se presentaba con los hijos de cierto tipo de trabajadores y quiso crear una escuela para ellos. En este aspecto, podría considerarse que su preocupación fue “buena” o altruista al interesarse por el bienestar de los demás. Pero veamos otros momentos de su vida:
En su historia personal encontramos que se separó de su primera esposa y que luego en la década de los 60 fue funcionario de la embajada mexicana en París; más adelante trabajó en la India en donde conoció a otra mujer con la que se casó de nuevo. Tiempo después, renunció a sus labores como una forma de protesta ante la política represiva que percibía. Seguidamente, se desempeñó como docente universitario, a la vez que creó nuevas publicaciones y revistas, obteniendo como resultado en el año 1990 el premio nobel de literatura.
Sin embargo, sus primeros escritos estuvieron influidos por sus fuertes preocupaciones de tipo social, además de aspectos existenciales relacionados con la soledad, con los problemas de la época, entre otros. Así que esta clase de preocupación sí se podría considerar de cierta manera como “negativa”, pues lo llevaba a enfocarse hacia una visión pesimista frente a la vida en general. Pero afortunadamente pronto descubre en el surrealismo el poder liberador de la palabra al haber mayor apertura y flexibilidad en la expresión. Encuentra asimismo afinidad con el mundo de lo esotérico y otro modo de ver las cosas, además, se interesa por la cultura oriental y presenta mayor libertad en la comunicación de las palabras, más separadas de la lógica y más cercanas a lo emotivo, a un sentido creativo en el que con gran autonomía implementa nuevos y flexibles recursos de tipografía y de presentación en sus escritos. Entre otras cosas, el tema del amor con elementos de la filosofía y de la historia le inspira y le llevan a la composición de las más exquisitas obras. Así entonces, podemos apreciar la importancia que tiene el hecho de introducir algunos cambios en el modo de hacer las cosas con el fin de que la experiencia cambie y sea más gratificante, lejos de tensiones innecesarias que se enmarcan en el negativismo.
Otro ejemplo lo encontramos en la famosa actriz estadounidense Amanda Seyfried. A lo largo de los años fue presentando preocupaciones repetidas, muchos temores, pensamientos y acciones reiterativas, tanto así que llegó a padecer ansiedad y le diagnosticaron trastorno obsesivo compulsivo. Situaciones vividas en su casa, resultados negativos obtenidos en algunos de sus proyectos, miedos infundados hacia la televisión, su preocupación cuando no es nominada a un premio, preguntándose en medio de su inseguridad: ¿Qué es lo que estoy haciendo mal?, etc, hacen parte de los aspectos involucrados en su estado emocional. No obstante, hoy en día a pesar de que lleva más de diez años tomando antidepresivos, la dosis cada vez ha sido menor y siente que a medida que va pasando el tiempo ha ido mejorando, pues ya controla más sus pensamientos. Las tácticas que emplea para equilibrar su nivel de ansiedad son: hacer ejercicio o tomar una ducha y luego aplicarse perfume, así como pintarse las pestañas. Comenta al respecto que esto rápidamente la pone de “buen humor”. No muestra incomodidad al hablar acerca de su diagnóstico de ansiedad, sino que expresa con sensatez sus aciertos y desaciertos siendo consciente de estos. Se siente a gusto con su crecimiento profesional, así como con las decisiones que ha tomado, sabiendo que ha procurado ser versátil y dinámica, lo que la hace sentir satisfecha. Ahora, aparte de tener varias películas por estrenar próximamente, vive una experiencia totalmente distinta, nueva y grandiosa: ser mamá por primera vez. Además, ha comprado una casa en la que tiene una huerta y animales a los que ama, disfruta tanto de los alimentos dulces como de los salados y no se ha hecho ningún tratamiento “extravagante”.

De este modo, vemos que uno mismo puede hallar su “propio método” para autorregularse de acuerdo con lo que más le traiga bienestar y gozo. Por lo tanto, no hay reglas que se ajusten para todos los casos ni para todas las personas al mismo tiempo: lo que a otros les ayuda, puede que a ti no o viceversa. Necesitas encontrar tu fórmula personal para liberarte del exceso de preocupaciones, de miedos, de inseguridades, de pensamientos obsesivos o limitantes y de todo aquello que te distancie de tus anhelos.
Aún así, se puede decir que a nivel general resulta de gran ayuda ”darse el permiso” de percibir de otra manera las situaciones y de aceptarlas tal como acontecen, así como de transformar creativamente las experiencias difíciles en unas más positivas, ya sea porque introduces un cambio en tu modo de responder a ellas por más pequeño que sea este al comienzo o porque las aprendes a ver como tus aliadas para fortalecer algún aspecto que sabes que necesitas seguir puliendo.
También, es necesario identificar la naturaleza de la preocupación y preguntarte: ¿a qué le temo?, ¿esta preocupación me impulsa a buscar soluciones o me bloquea?, ¿esta preocupación es pasajera o repetitiva?, ¿esta preocupación la puedo disminuir o siento que se sale de mi control?, ¿mis preocupaciones son solamente sobre algunos aspectos en particular ó se ha generalizado a casi todos los aspectos de mi vida? Responder de modo afirmativo a la primera opción en estas preguntas significa que tus preocupaciones son adaptativas, es decir, que se pueden considerar normales y que basta con mantenerlas al margen para que no dominen en tus vivencias. Pero si respondes afirmativamente a la segunda opción en cada una de estas, es claro que necesitas hacer algo cuanto antes en tu manera de asumir lo que se te presente. Así que, relajar el cuerpo y la mente ha de convertirse en tarea diaria, no de manera forzada, sino por elección y convicción de que se puede y de que es necesario en tu bienestar, siendo flexible y abierto a ensayar otras acciones pequeñas y sencillas que hagan de tu día a día una experiencia de vida más agradable.
Por ende, empieza a respirar más profunda y pausadamente, intenta que tu exhalación sea un poco más larga que tu inhalación, esto te ayuda a calmarte. Dedica más tiempo a las actividades de festejo, esparcimiento o de recreación que más disfrutes sin necesidad de que haya un motivo o una fecha especial. Enfócate en el momento presente e intenta resolver paso a paso lo de cada día. Si la posible solución solo se puede ejecutar a futuro ¿para qué inquietarte antes de tiempo? O si es algo que se podría resolver en el presente, pero no depende de ti que se complete la solución por no ser un aspecto exclusivamente tuyo, entonces ¿para qué te inquietas? Relájate, solo haz tu parte y el resto ponlo a cargo del que le corresponde llevar a cabo la tarea ó en manos de Dios o del universo o del proceso natural de la vida. ¡Confía, confía y confía!
Si llega un pensamiento ineficaz, uno de esos que te alertan “más de la cuenta” afirma: “Soy paz, actúo desde la paz, en el momento justo, con lo que esté a mi alcance hacer y en tranquilidad”.
De repente, puede que te lleguen más ideas irracionales, esas que tratan de agobiarte o de angustiarte bien sea por la expectativa ante problemas grandes o mínimos (la mayoría, no han llegado aún, pero crees que se avecinan o bien, los has llegado a atraer con tus pensamientos) entonces, nuevamente haz esta afirmación imprimiéndole una emoción positiva. Para ello, visualiza en tu mente de manera detallada una escena relajante, en la que experimentas paz. Por consiguiente, al pensamiento irracional y nocivo ahora le presentas una nueva forma de ver que va a estar reforzada por una emoción positiva, la cual generas con las imágenes mentales o con el acto de hacer lo que te genere placer y tranquilidad.
Cuando esto lo vuelves un hábito, notas cada vez mayor facilidad para dejar de preocuparte por todo y en cambio, recuperas el dominio sobre tu bienestar, pues recuerda que paz equivale a salud y que preocuparse sin control equivale a malestar e infelicidad. Así pues, vuélvete a conectar con esa paz y serenidad que reposan en lo más profundo de tu ser, opera desde allí y gloriosamente date el lujo de decir: ¡Qué pase lo que tenga que pasar, soy paz y nada me puede derrumbar!
Muy bien
ResponderEliminarGracias por el tip
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ResponderEliminarBIEN
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ResponderEliminarGenial
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